Ediciones Arracimada

domingo, 3 de junio de 2012

Analítica de la colonialidad del saber


Estructura discursiva de la colonialidad en América Latina: Analítica de la colonialidad del saber


La actividad colonizadora en América Latina contó con un aparato discursivo que le permitió instaurar sus formas hegemónicas materializadas en el ejercicio del poder, la imposición del saber y la construcción de subjetividades.  Por tanto, abordar una analítica del discurso colonial implica asumir que las formaciones discursivas llevan implícitas un espacio discursivo en el que se articulan prácticas, saberes y reglas que bajo ciertas condiciones se organizan de manera coherente  con el fin de garantizar la instauración de una verdad.  

Desde el contexto planteado, este ejercicio tiene como hipótesis la validez de adelantar un análisis del discurso con el fin de develar los mecanismos de control que están presentes en los enunciados de carácter colonizador.

Foucault (1970) plantea que en toda sociedad la producción del discurso está a  la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tiene por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada  y terrible materialidad.  Señala además como lo prohibido, la separación y el rechazo se constituyen en procedimientos de exclusión externos  y el comentario, el autor y las disciplinas constituyen procedimientos de exclusión internos que controlan y delimitan la producción de discursos.  “Existe en nuestra sociedad otro principio de exclusión no se trata ya de una prohibición  sino de una separación y un rechazo. Pienso en la oposición razón  y locura. Desde la más alejada Edad  Media, el loco es aquel cuyo discurso no puede circular como el de los otros: llega a suceder que su palabra es considerada como nula y sin valor, no conteniendo ni verdad ni importancia…. En cambio suele ocurrir también que se le confiere, opuestamente a cualquier otra, extraños poderes, como el de enunciar una verdad oculta, el de predecir el porvenir, el de ver en su plena ingenuidad lo que la sabiduría de los otros no puede percibir. (FOUCAULT, p.15).

Este principio de exclusión relacionado con la oposición y el rechazo  lo podemos evidenciar en los discursos propios de  la colonialidad del poder y la colonialidad del saber. Walsh (2007)  afirma “que dentro de la colonialidad podemos distinguir la colonialidad del poder, la colonialidad del saber, la colonialidad del ser y la colonialidad de la naturaleza, como cuatro dimensiones que articuladas entre sí contribuyen a mantener la diferencia social.

 Aníbal Quijano (1999, citado por Walsh)) ha definido  la colonialidad del poder, entendida como los patrones del poder moderno que vinculan la raza, el control del trabajo,  el Estado y la producción del conocimiento. Esta  colonialidad del poder instauró  en América Latina una estratificación social que ubica al blanco europeo en la cima mientras el indio y el negro ocupan últimos peldaños.

Una  segunda dimensión es la de la colonialidad del saber, que con sus mecanismos de exclusión presentes en el discurso, impuso la hegemonía del pensamiento europeo.  “No sólo estableció el eurocentrismo como perspectiva única de conocimiento, sino que al mismo tiempo, descartó por completo la producción intelectual indígena y afro como “conocimiento” y, consecuentemente, su capacidad intelectual.” (Walsh, 2004).

Otro mecanismo de exclusión en las materialidades discursivas lo constituye la voluntad de verdad. Foucault enuncia como en la relación entre lo verdadero y lo falso, surge una voluntad de verdad, en donde el discurso verdadero históricamente ha tenido un desplazamiento. “Pues esta voluntad de verdad, como los otros sistemas de exclusión, se apoya en un soporte institucional: está a  la vez reforzada y acompañada por una densa serie de prácticas como la pedagogía, el sistema de libros, la edición, las bibliotecas, las sociedades de sabios de antaño, los laboratorios actuales.(Foucault, p.22). La voluntad de verdad basada y sostenida desde la institucionalidad, se autorreferencia como universal, ejerciendo una presión y un poder de coacción sobre los otros discursos, los cuales limita y en ocasiones anula.

En este tipo de exclusión podemos categorizar  el pensamiento  de Kant,  que en su materialidad discursiva utiliza unos enunciados que tenían como fin excluir otras materialidades discursivas como la de los negros y aborígenes. Kant crea una estructura de verdad en la que establece que sólo los europeos eran humanos y por tanto los  únicos dotados de razón y entendimiento. “Las otras razas, por lo tanto, no tenían este talento, ya que este talento es un don de la naturaleza. De esta manera, la colonialidad del poder va pasando al campo de saber, descartando la noción del indígena como intelectual, como alguien que puede intervenir directamente en la producción de conocimiento. Y como parte esencial de esta colonialidad del saber, se mantiene la hegemonía del eurocentrismo como única perspectiva de conocimiento.” (Walsh, 2004).

Este discurso excluyente de Kant lo podemos reafirmar en el siguiente pasaje:

“Los negros de África carecen por su naturaleza de una sensibilidad que se eleve por encima de lo insignificante. El señor Hume desafía a que se le presente un ejemplo de que un negro haya mostrado talento, y afirma que entre los cientos de millares de negros transportados a tierras extrañas, y aunque muchos de ellos hayan obtenido la libertad, no se ha encontrado uno solo que haya imaginado algo grande en el arte, en la ciencia o en cualquiera otra cualidad honorable, mientras entre los blancos se presenta frecuentemente el caso de los que por sus condiciones se levantan de un estado humilde y conquistan una reputación ventajosa.”(Kant 1919, 75. Citado por )

Igualmente este mecanismo de exclusión es denunciado por el filósofo nigeriano Emmanuel Chukwudi Eze, quién planteó y desarrolló la tesis del racismo en el pensamiento filosófico y sobre todo antropológico y uno de sus objetos de investigación fue la obra y pensamiento Kant. Eze publicó el texto The color of the reason: the idea of `race´in Kant´s anthropology.  Y en él argumenta como «la antropología filosófica de Kant se revela como el guardián de la imagen que tiene Europa de sí misma como superior y del resto del mundo como bárbaro».(Eze, 2001).

Ahora bien, este principio de exclusión no se encuentra únicamente en el discurso colonialista europeo, en el pensamiento latinoamericano podemos rastrear también este fenómeno. Walsh (2007) incluye en su trabajo la siguiente referencia: Esta perspectiva también se encuentra en el pensamiento latinoamericano. Para sarmiento, por ejemplo, el indio representa  “la  barbarie y, por tanto, hay que eliminarle para abrir paso al progreso y la civilización …. Definitivamente existe la superioridad de unas razas sobre otras; entre ellas, de la raza anglosajona” (Citado por Sacoto, 1994;9). El mismo José Carlos Mariátegui, conocido como uno de los pensadores latinoamericanos más progresistas del siglo XX, fue impulsor de esta colonialidad que propagó la idea de una jerarquía racial y epistémica, en este caso en torno a los pueblos negros, justificando su exclusión social, cultural, política y económica, como también su silenciamiento dentro de la construcción teórica  y discursiva de la modernidad. Para Mariátegui mientras que los indígenas  sí podrían hacer una contribución social y cultural a la sociedad moderna, los negros no estaban en condiciones de contribuir a la creación de ninguna cultura “por influencia cruda y viviente de su barbarie (Walsh, 2004:336). Hasta el antropólogo Fernando Ortiz, quien hizo mucho por visibilizar las prácticas culturales de los afrocubanos  tuvo en su trabajo temprano un pensamiento negativo sobre los pueblos negros: “una raza  que bajo muchos  aspectos  ha conseguido marcar característicamente la vida mala cubana comunicándole sus supersticiones, sus organizaciones, sus lenguajes, sus danzas, etc. (Ortiz, 1917:38).

Estos mecanismos de exclusión siguen operando en la sociedad latinoamericana actual,   y desde las estructuras de poder se han instaurado de manera tal que construyen subjetividades que legitiman en pensamiento y acciones el discurso colonialista. Al respecto T. Van dijk (2004) ejemplifica como operan estos mecanismos de poder ligados al discurso:

En mis trabajos sobre el discurso racista en Holanda detecté que en la conversación cotidiana, en los debates parlamentarios, y, sobre todo en la prensa, se habla/escribe sobre minorías, sobre inmigrantes, sobre refugiados. Bien, la pregunta es: ¿qué temas, que asuntos y qué tipo de asuntos es preferido en estos contextos? En general,  se escribe sobre problemas, sobre crímenes: es decir, todo lo problemático de la sociedad encuentra sus orígenes en dichas minorías. Los políticos, los periodistas, utilizan de manera sistemática el problema de la criminalidad y, claro, convierten a la prensa y el discurso público en el mecanismo central de la reproducción discursiva del poder, pues tienen la posibilidad  de decidir qué es importante y cómo se debe valorar. (Cátedra Unesco, 2004).




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